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Diseño, ilustraciones y fotografías: Jaime Ocón Paillao - Archivo de la Hermandad de Cofradías

Textos: Fermín Labarga, Hermandad de Cofradías

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©2019 Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño

Cristo de las Siete Palabras

En sus primeros años de vida, la Cofradía procesionó un Cristo, obra de D. Francisco de Borja, que pertenecía al Colegio logroñés de los Escolapios y que se encontraba en uno de los altares de la antigua iglesia del colegio


En 1970 la Junta de Gobierno de la Cofradía encargó una nueva imagen al escultor riojano D. Vicente Ochoa Moreno (1919-1998), escultor e imaginero de valía, que se consideraba discípulo de Clará, formado en la barcelonesa Escuela de San Jorge.


Esta imagen de “Cristo Crucificado” tiene la denominación oficial de “Cristo de las Siete Palabras” y la popular de “Cristo de los Escolapios”. Durante algún tiempo se la denominó “Cristo Yacente” debido a la forma en que se procesiona. Sin embargo, este nombre no es correcto, pues la figura representa al Señor clavado en la Cruz durante Su agonía, mientras que las figuras a las que se aplica el calificativo de “yacente” representan a Cristo muerto y descolgado de la Cruz.


La talla fue realizada en madera de pino de Flandes obedeciendo los cánones clásicos de la imaginería. Cabe destacar el toque vanguardista que su autor supo incorporar a la imagen al dejarla en madera vista barnizada. La elección de este material fue debido a su plasticidad, pues no presenta nudos y a la vez resultar muy consistente. Fue tratada con vaselinas especiales y encerada para adquirir pátina y matiz, quedando de esta forma la madera a flor de piel. Finalmente
se barnizó, pero sin policromar, para dar mas autenticidad al mérito de la talla.


Ochoa se apoyó en los pasajes evangélicos y en los conocimientos actuales sobre la forma de crucificar de los romanos. Así, colocó una repisa a manera de asiento de la imagen y unas ligaduras que amarran los brazos a la cruz. También tiene clavos, pero no se presentan en la palma de la mano, sino en el pulso. Igualmente el escultor realizó estudios de anatomía
humana que logró plasmar minuciosamente en su obra, consiguiendo una sensación muy realista en todo aquel que se acerca para observarla.


Durante los primeros años y hasta el año 1983 en que se confeccionaron las primeras andas, la imagen se adosaba a una gigantesca cruz que hacía las veces de andas, con una cierta inclinación para que pudiera ser observada por el público. Se le colocaba un sistema de alumbrado consistente en un foco en cada extremo de brazos y pies y se adornaba exclusivamente con claveles rojos situados en esos mismos lugares a sensación de sangre derramada. Era portado por siete cofrades, realizándose distintos relevos.


En la actualidad el Cristo es colocado con la misma inclinación sobre unas andas, con ocho varas, portado por 40 cofrades y adornado con claveles rojos y faldones de terciopelo verde.