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Logroño - La Rioja

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Diseño, ilustraciones y fotografías: Jaime Ocón Paillao - Archivo de la Hermandad de Cofradías

Textos: Fermín Labarga, Hermandad de Cofradías

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©2019 Hermandad de Cofradías de la Pasión de la Ciudad de Logroño

Santo Cristo de las Ánimas

Estimase la escultura, desde el punto de vista artístico, como la perla de la procesión ya que es una muestra definitiva de lo que debe ser una imagen, una buena escultura que a la vez inspire piedad, fervor y devoción y ésta reúne tales condiciones. Sin duda alguna, su talla es magnífica y se le atribuye al escultor Arnao de Bruselas que en 1553 y 1564 talló el maravilloso retablo de Santa María de Palacio y la esculpió para la cofradía de Las Animas, de la que tomó su nombre.


El Cristo de las Animas es una obra manierista de Arnao de Bruselas, que lo tallo para el calvario del retablo de la Asunción en la iglesia de Palacio a mediados del siglo XVI, y que hoy en su lugar hay otras imágenes en clara desproporción con el resto que forman la escena. El porqué se encuentra fuera de su emplazamiento original es algo que desconocemos, pero viendo la elegancia de su talla y la calidad de su policromía comprendemos que los devotos de la época se resistieran a contemplarlo en el ático del retablo, lejos del contacto cálido que da proximidad.


Una vez tallada la imagen en madera de cedro, termina la labor del escultor y comienza la del dorador. Los artesanos logroñeses del siglo XVI Francisco Hernández y Pedro Ruiz se encargaron de dorarla, así como el resto del retablo. Después de poner una capa de yeso con cola que recubre las grietas de la madera y corrige posibles errores de talla, se fija y pule la superficie y se procede a pintar.


Los tonos ocres de las partes desnudas juegan con la transparencia del blanco yeso, logrando un efecto de gran verismo. El paño de pudor que cubre las desnudeces del Cristo aparece pintado sobre un fondo de pan de oro que se deja ver intermitentemente entre los claros intencionados que deja la pintura. Completan el cromatismo los efectos de las llagas sangrantes, espalda azotada y cabellos lacios y sudorosos.


El estilo es manierista; es decir, a medio entre los sobrios y elegantes crucificados del Renacimiento y el efectismo dramático de nuestra imaginería barroca. Cristo aparece muerto, con los brazos tirantes y las piernas montando una sobre la otra dejando un clavo para los dos pies, la boca abierta por la extenuación y los ojos entornados y tristes. Su cabeza un tanto ladeada y caída hacia adelante, se comunica con el fiel que la contempla desde los pies. La estructura del cuerpo desnudo describe la “s” típica de Manierismo, que dota a la figura de una pose retorcida y elegante.


Una tradición bastante arraigada y que tiene referencia documental en 1573, dice que el Cristo figuraba en la iglesia de la Merced, y su capilla daba por un mirador a la celda del reo que iba a ser ajusticiado, y por esa ventanita podía ver y confortarse en su estado de «en capilla» contemplando la imagen. Dos antiguas cofradías logroñesas: «La Virgen de la Esperanza» y la de «Las Animas», protagonizaban sendas acciones piadosas en torno a la ejecución; la primera recaudaba fondos para la familia del reo, y la segunda se encargaba de darle sepultura después de recibir el garrote.


En 2006 se traslada al taller diocesano de conservación y restauración de bienes culturales de Santo Domingo de la Calzada, donde se somete a un laborioso proceso de limpieza y restauración.

Es portado en andas de ocho varales por 36 cofrades.